Agorafobia

De Agorafobia

Acá les va otro pedazo de Agorafobia.

Del capítulo dos, “Tormenta En El Desierto”:


“ . . . Aún así, medio rechazado y casi exiliado, a Juan (el bautista) no se lo podía ignorar. Él no pasaba desapercibido. Tampoco su discurso.

Juan constituía una verdadera amenaza. Los líderes eclesiásticos se sentían amenazados. La comunidad que seguía a esos líderes se sentía amenazada. Los políticos se sentían intimidados. El gobernante más poderoso se sintió tan amenazado, que mandó a matar a Juan. ¡Pobres! Cuando alguien se siente amenazado de ese modo es porque percibe endeble el suelo en el que se ha parado; le falta seguridad y solidez a lo que cree. Por eso Juan no era bienvenido en la comunidad eclesiástica. No porque fuera un «hereje», sino porque no encontraban «verdad» para argumentar en su contra. Fue por eso que lo mandaron a matar, porque su dedo señalaba el pecado y era capaz de iniciar una revolución en la Iglesia y en el gobierno. ¡Eso es una tormenta!

Un maestro no es problema. Un maestro no constituye un problema mientras se encuentre solo. Pero un maestro con seguidores puede resultar una verdadera amenaza, y más aún cuando dice la verdad. Juan iba en esa dirección. Ya era maestro y ya tenía seguidores; el siguiente paso, pensaban las pobres mentes del liderazgo, era una revolución. Un maestro así representa una tormenta.

Lo llamo «La tormenta» porque la meteorología nos dice que la ley básica de una tormenta es que continúa hasta que el desequilibrio que la provocó se equilibre. Y así era Juan, un tipo desequilibrado y un desestabilizador. La falta de autenticidad en la vida espiritual de las personas lo había desequilibrado provocando que se gestara una tormenta que no cesó hasta que llegó aquel que estabiliza todas las cosas.

Juan tenía corazón de revolucionario. No creas que la nobleza y la actitud gentil eran naturales en su personalidad de espiga punzante. Juan no esperaba a Jesús como cordero inocente, él aguardaba a Jesús como el líder de una revolución política y social. Él pensaba que su primo iba a cambiar las cosas con la espada, no con el corazón. Pero igual Juan cambió las cosas, agitó el ambiente, preparó el terreno para su primito.

Era un extraño personaje nuestro Juan. Nunca pudo ajustarse a las normas populares de un estilo de vida que trocaba la expresión personal por la adaptación a un molde sutilmente impuesto por el liderazgo político y eclesiástico de esos días.
Resultaba fascinante ver a alguien hablando de Dios sin parecerse a las personas que comúnmente hablaban de Dios. Había que verlo. Había que oírlo.

Aún los que se acercaban a oír para luego criticarlo tenían problemas para conciliar el sueño por la noche. Ahora la tormenta los había alcanzado. Sus corazones latían al borde del pecho con el eco de las afiladas palabras que habían acusado a la conciencia de estos sepulcros blanqueados de pulidas apariencias externas y con normas de éxito, desempeño y ejecución.

Juan me recuerda a mi profeta preferido, si acaso se nos permiten preferencias. Dios envía a Ezequiel a dar palabra a Israel. Y le dice repetidamente que lo manda a hablarle a personas que parecen no haber entendido porque su corazón es empedernido. Y Dios, con esa forma tan peculiar que tiene de fluir a través de este profeta original y colorido, le comunica a Ezequiel que no se preocupe, que él sabe que la casa de Israel no lo va a escuchar, pero que lo manda para que sepan que hubo profeta entre ellos.

Y así era Juan. La gente lo escuchaba, pero tenía que ignorarlo. De todos modos no importaba, todos sabían que había profeta entre ellos.

Ojalá que en tu iglesia sepan que estás tú. Ojalá que tus amigos cristianos sepan que estás tú. Tal vez hagan como que no te escuchan, pero sabrán que estuviste ahí.”

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De Agorafobia

Mi próximo libro se llama AGORAFOBIA.

“Agorafobia” es la condición clínica que una persona tiene cuando le tiene miedo a los espacios abiertos, a las multitudes, a las opiniones y circunstancias que no domina. Cuando se encuentra en esa situación, la persona se enclaustra y se va a un lugar donde se siente seguro como su casa o su habitación. MMMMMMMMMMM dónde he visto eso antesssssssssss!!!!!

En este libro, hablo del miedo que como Iglesia tenemos de involucrarnos con el mundo, de estar “en el mercado”; en el “AGORA” (mercado en griego).

Estaré en las próximas semana posteando (qué español mas aberrante!!!!!) o blogenado (jijijijjijiji) párrafos del libro. Mi casa editora, Editorial Vida, tal vez me cuelgue, pero a veces es mejor pedir perdón que pedir permiso!!!!!

EL libro sale en marzo. Tengo grandes expectativas de ventas; mi mamá ya me dijo que quiere comprar una copia!



Del Capítulo Uno, “Juan 17”,:

En nuestros mercados y plazas latino americanas hay de todo. En la plaza de la cultura y en el mercado de la sociedad, ideas se gestan todos los días. En el escenario está el podium, todos pasan y tienen su momento, pero los cristianos no llegamos, estamos ausentes. Hacemos falta.

Mientras muchos pasamos nuestro tiempo detrás de un púlpito de templo hablando del aislamiento, el podium en el escenario cultural está carente de la propuesta de Cristo.

En un frío y oscuro cuarto, a la luz de una vieja vela de iglesia, se encorvaba sobre su bureou un estudioso monje agustino. Ahí, meticulosamente, el monje traducía el Nuevo Testamento del griego al alemán. Su calendario, trazado a mano, marcaba "1521".

En esa época, la Biblia estaba en latín. Sólo los estudiados y aquellos en el círculo de los privilegiados entendían latín y por ende, sólo ellos entendían la Biblia.

Cuando Martín Lutero decide publicar en 1522 la Biblia en alemán, el escándalo es de proporciones revolucionarias. El liderazgo de la Iglesia se levanta en protesta unificada usando el púlpito como plataforma de crítica contra la infamia de poner las Sagradas Escrituras en el lenguaje del pueblo. La Biblia, pensaban ellos, debería ser celosamente guardaba dentro de las bóvedas sagradas de las catedrales cristianas.

La Biblia se leía unicamente en la Iglesia y sólo en latín, aunque sólo unos cuantos entendían lo que realmente se estaba leyendo.

La gente del pueblo, la sociedad en general en esa región del mundo, hablaba alemán, no latín, por lo tanto no entendía cuando se leía la Biblia.

La misa también se daba toda en latín, aunque la gente que llegaba a la reunión no hablaba latín sino alemán.

Hoy en día, vemos lo absurdo de leer la Biblia y tener la misa en un idioma que la gente no entiende. Sin embargo, ¿cómo nos juzgará la historia a nosotros? La misa, en muchas iglesias, la tenemos en latín y la Biblia la leemos en latín. El mundo no nos entiende. El mundo no entiende el Evangelio porque se lo estamos dando en latín.

Después de Lutero, la Biblia dejó de ser un libro extranjero en una lengua extranjera. ¡La Biblia estaba en el idioma del pueblo! Se tradujo después al francés, al holandés y al inglés; eventualmente un estudioso y valiente español la tradujo a nuestro hermoso idioma.

El que el Evangelio corriera libremente entre las aldeas, pueblos y ciudades ya no dependía de unos cuantos; ahora, cada persona podía leer las Escrituras en su idioma. No dependían del púlpito, no dependían de la Iglesia; ahora, podían depender de la misma Palabra de Dios.

Es triste que hoy en día, la cultura tiene que depender del púlpito, del líder cristiano, del predicador para su salvación. Es como que el Evangelio no estuviera en nuestro idioma. Como que tú no tuvieras autorización de llevar a tus amigos, a tus compañeras de empresa al conocimiento de Jesucristo.

Para aquellos que les interese; los títulos de los capítulos son:

• Juan 17
• Tormenta en el desierto
• Un músico conocido

• La Verdad
• Mi amigo Sergio
• La santidad y el pecado
• ¡Qué buena prostituta!
• Tres ciudades, tres poderes
• Mujeres
• El miedo
• Querida Dulcinea

Estaré pasándoles párrafos de cada capítulo. Ojalá les guste. Si no, gracias a Dios hay otros blogs mejores y teológicamente correctos para que lean.

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